diumenge, 10 de gener de 2010

MAQUIAVELO: DOS MINUTOS PARA TRIUNFAR

Conocí a Maquiavelo cuando tenía trece años. Había oído hablar de él pero nunca le había tratado. Era sábado y apareció de repente en los vestuarios. No parecía un personaje malvado ni perverso, aunque no gozaba de buenas relaciones. Se sentó en un rincón, apartado de los demás y empezó con sus tareas. Cuando salimos a entrenar Maquiavelo procuró reunir a su grupo de fieles. Fue ahí cuando su observación perversa se topó con mi persona.
Eran unos ojos fríos y penetrantes los que me estudiaron. Maquiavelo inició su ataque sin previo aviso moviendo sus más preciados contactos influyentes. El círculo perverso tenía una gran influencia entre las nuevas adquisiciones.
Así fue como entró en mi vida este personaje influyente. En cuestión de días intentó atraerme bajo su sombra y cortarme a su imagen y semejanza. Era una persona narcisista a más no poder e irritaba a cualquiera con su carácter controlador y perfeccionista. Pero pronto descubrí que su actitud era un disfraz que cubría su verdadera realidad. Una realidad que le atormentaba en cada minuto de su existencia. Nunca llegué a saber su verdadero tormento pero lo intuí con el paso de los meses. A medida que pasaban las semanas vi como se refugiaba detrás de su disfraz perverso y controlador, el cual le daba seguridad y poder para dominar a los demás. Le era imprescindible y no quise privarlo de ello. Era una máscara, una vida que él deseaba y que no tenía.
Entré en su círculo después de varias semanas pero no me cortó a su imagen, ni siquiera lo intentó. Él mismo me colocó a su lado y me transformó en su mano derecha. Estuve junto a él cuando sus más fieles le dejaron y fue desbancado de su poder.
Noelia González Castarlenas

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