divendres, 11 de setembre de 2009

El apellido González

Origen, significado y escudo de armas del apellido GONZÁLEZ
González es un apellido de origen español, muy frecuente en América y España, así como en otros países. En España es el segundo apellido más habitual (después de García) y el 2,08% de la población se apellida González. En América es el apellido más común en México, Chile, Paraguay, Venezuela y Argentina.
En los Estados Unidos ocupa el número 38 en la lista de apellidos Hispanos más habituales o comunes. En EE.UU. generalmente se escribe con la grafía Gonzalez (sin tilde, debido a la influencia del inglés).
En América en ocasiones se utiliza la forma del apellido portuguesa Gonzales, debido probablemente a la identidad sonora de la "z" con la "s"

Apellido patronímico ya documentado en el siglo IX, derivado del nombre propio de Gonzalo, e intensamente difundido por todas las regiones españolas y América, por lo que no cabe suponer parentesco alguno entre todos los así apellidados, pues fueron muchas y distintas las familias que adoptaron por apellido el de González, ya que González significa "hijo de Gonzalo", según costumbre que antiguamente se usaba.
Gonzalo, a su vez, proviene de Gonzalvo, del germano Gundisalvo, compuesto por gund, que significa "lucha, combate, pelea", y alv, del gótico alfs, que significa "elfo o espíritu de la naturaleza en la mitología nórdica".

Las ramas de González, de mayor antigüedad, radicaron en el norte de España, principalmente en Galicia, Asturias y Montaña de Santander, desde donde se extendieron al resto del país durante la Reconquista, de forma muy especial por ambas Castillas, Extremadura, La Mancha, Valencia, Murcia, Andalucía y en Jaca, en la provincia de Huesca.
En tierras aragonesas, y según datos recogidos en el "Diccionario de Heráldica Aragonesa", se documentan varias casas de este apellido llamadas: González de Gregorio, originarios del lugar de Zaragoza con ramas en la ciudad de Soria; González de Heredia de Bernabé, del lugar de Báguena; González de Negrete, originarios de La Almunia de Doña Godina (documentados desde el siglo XVII); González de Salcedo, del lugar de Tamarite de Litera, y por último González de Villasimpliz, originarios del lugar de Mallén con ramas en Cataluña.
Armas: don Vicente de Cadenas y Vicent, en su "Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica", recoge en primer lugar las siguientes armas: En gules, un castillo de oro, almenado de tres torres.

Muchos autores señalan como propagador de la estirpe de González al Conde Fernando Negro, emparentado con Carlo Magno, que fue Señor de la casa solar de González en el valle de Gibaja (Cantabria), quien, estimulado por su fervor religioso, acompañó a don Pelayo en la Reconquista, desde el mismo año en que fue jurado en Covadonga, siendo tan conocido este héroe, que sólo con nombrarlo quedaba indicada su nobleza.

Pero si la Heráldica ayuda a comprender y aún a aclarar muchos episodios de la historia, no estará de más hacer algunas consideraciones sobre dicha batalla. Se afirma que esta batalla fue la primera victoria cristiana en la Reconquista de la Península Ibérica, en el año 722 pero es que se da la circunstancia que su alcance histórico ha sido ampliamente debatido. En ninguna de las crónicas musulmanas de la época esta batalla de Covadonga aparece para nada. Es como si no hubiera existido. Durante mucho tiempo, tampoco entre los cristianos refugiados en las montañas asturianas se cita dicha batalla. Claro que tampoco es mucho lo que se habla de don Pelayo y sus seguidores. Es como si se tratará de un símbolo, pero sin más importancia.
Tiene que llegar el tiempo de Alfonso III de León (866-910) cuando se redactan unas crónicas llamadas "Albedelse" y la de Alfonso III propiamente dicha, para que en base a las mismas los cronistas pretendan establecer una continuidad entre la monarquía visigoda y el reino de Asturias aquí, precisamente aquí, donde por primera vez, aparezca la leyenda de la batalla de Covadonga. Por cierto que estas dos crónicas, semejan una novela de caballería: Se cuenta en ellas el rapto de la hermana de don Pelayo por los musulmanes, el refugio de éste en las montañas, sus arengas a los astures y por fin el encuentro en la cueva de Santa María (Cova Dominica). Antes de entrar en batalla, las huestes musulmanas que sumaban nada menos que 200.000 hombres, según la crónica de Alfonso III, el caudillo musulmán entra en negociaciones con don Pelayo para que se rinda y como este se niega, se entabla el combate.
¿Con cuántos hombres contaba don Pelayo para oponerse a los 200.000 musulmanes?. Pero es que, según la crónica citada, lo que vino a resultar es que durante la batalla de Covadonga, las flechas disparadas por los arqueros moros se volvían contra ellos mismos, causándoles espantosa mortandad. Esto, naturalmente, suena a leyenda y es lo que ha provocado interpretaciones histórico gráficas muy diversas.
En el siglo XVIII, no fueron pocos los que llegaron a dudar de la autenticidad de esta batalla, y se llegó a más, porque la duda se extendió hasta la existencia de don Pelayo. Para aclarar el galimatías, terció la crítica histórica del profesor Sánchez Albornoz que dejó reducido este episodio a sus justos términos. Debió tratarse de una emboscada tendida por los cristianos a los musulmanes y nada más. Una simple escaramuza entre dos grupos relativamente poco numerosos.
Pero lo que sí está perfectamente claro es que en la batalla, escaramuza, o como se quiera llamarle, intervino el caballero citado anteriormente, don Fernando Negro, al que ya se le conocía como el Señor de la Casa Solar de González y que sus hazañas debieron ser altas cuando mereció ser citado en las crónicas posteriores a la citada batalla.
En su más avanzada edad fundó y dotó con fuertes rentas (que había adquirido en virtud de sus servicios), el monasterio de Escalada, a ocho leguas distante de la ciudad de Burgos, y esta fue poblada por su descendiente don Diego Porcelós, en el año de 884. Este caballero casó con una señora ilustre, cuyo nombre se ignora; pero en el que fue su única hija doña Sula, que contrajo matrimonio con don Nuño Belchides, Caballero de la primera nobleza de Alemania, natural de la ciudad de Colonia, que en aquella época vino a Castilla, estimulado por su ánimo belicoso, para pelear contra los infieles, y fueron sus hijos: Nuño Rasura, Juez de Castilla, y Bustos González, Señor de Salas. Nuño tuvo por hijos a don Gonzalo Núñez y a doña Teresa Núñez. Don Gonzalo casó con doña Jimena Fernández Madona, hija del Conde don Nuño Fernández y nieta del Rey don Bermudo I de León, y fueron padres del Conde Fernán González y del Conde don Gonzalo Núñez, que lo fue del Conde don Pedro González de Lara y del Conde don Gonzalo Téllez, tronco de los Condes Salvador y Álvaro, que gobernaron a Lara y la montaña santanderina desde Laredo a Santillana. Hijo de Álvaro fue Nuño, que también tuvo a Lara y procreó al Conde Gonzalo Núñez, padre, a su vez, del Conde Pedro González de Lara, que dejó este apellido a sus descendientes.
El Conde Fernán González, de Castilla, celebró dos matrimonios: el primero, con doña Urraca, de la que solo tuvo una hija del mismo nombre, que casó con Sancho el Gordo, de quienes procede mucha nobleza, y el segundo, con doña Sancha de Navarra, hermana de García Sánchez, Rey de Navarra; de doña Urraca, Reina d León y de Murcia y Condesa de Barcelona; de doña Teresa, también Reina de León, y de doña Blanca, Señora de Vizcaya, hijos todos de Sancho II Abarca, Rey de Navarra, y de su mujer, doña Toda, o Teuda. De esta unión nacieron: don Gonzalo, don Sancho, don García y don Pedro González, de quien provienen Rodrigo González, Martín González y Juan González, Ricohombres, que se hallaron en la toma y conquista de Sevilla con el Rey don Fernando III, en cuya campiña quedaron heredados y donde se radicaron, procediendo de ellos los González de Andalucía, dándose a conocer por su grandeza y su valor, de que dan testimonio don Alonso de Santa Cruz y don Diego de Urbina, en sus respectivos nobiliarios, añadiendo que la casa principal de González ha sido cuna de muchos Ricohombres, esforzados guerreros, Caballeros de las Ordenes Militares, Treces y Comendadores de ellas.

Hay también tratadistas que suponen tronco del linaje a Gonzálbo, uno de los doce hijos del General Sancho Fernández de Tejada, deudo muy cercano del Rey don Ramiro I, con quien afirman que se halló en la discutida batalla de Clavijo. Dicho General, con sus doce hijos, fundó los trece solares de Valdeosera, de distintos apellidos.
Otros escritores se remontan hasta Erigo González, que con otros caballeros juró al Rey don Pelayo, en la iglesia de San Juan Bautista, del lugar de Castillo, en Asturias, en 718, y del que hace memoria Luis del Castillo Venero.
Juan Agustín, en su obra "Armas y Linajes de la Nobleza Española", y Salazar y Castro, en su obra "Historia de la Casa de Lara", dicen que el progenitor de los González fue Gustios González, Señor de Salas y muy hacendado en la Foz de Lara, junto a Burgos, casado con doña Artiga Ramírez, hija del Rey don Ramiro II de León.
Pedro Salazar de Mendoza, en su libro "Monarquía Española", asegura que el citado Gustios González fue hijo de Nuño Bellídez, o Belchídez, el noble-alemán de la ciudad de Colonia, y de doña Sula, o Bella, hija de Diego Porcélos, Conde de Castilla y poblador de la ciudad de Burgos.
Núñez de Castro y Juan Flórez de Ocariz, afirman también que los González proceden del referido Gonzalo Gustios, Señor de Lara, casado con doña Sancha, hermana de Ruy Velásquez, Señor de Bilaren, de cuya unión eran hijos, por los años 1000, Diego Martín, Suero, Fernando Rodrigo, Gustios y Gonzalo, todos con el apellido González, y a los que se conoce en la historia por los Siete Infantes de Lara, que, según la Crónica General de España, murieron a manos de los moros en Córdoba, por la traición de su tío, el mencionado Ruy Velásquez, que envió al expresado Gustios, su cuñado, con una embajada falsa al Rey Almanzor.

En la misma Crónica General de España se asegura que, hallándose en prisión Gonzalo Gustios, tuvo amores con una hermana del Rey moro, en la que engendró a Mudarra González, que pasó lleno de riquezas a Castilla y vengó la muerte de sus siete hermanos, matando al alevoso Ruy Velásquez. Casó con una dama de la más noble sangre goda, en la cual restableció el linaje de los González.
Esto entra en el campo de la leyenda y no lo autoriza, ni mucho menos, la verdadera historia.
También han discutido los autores sobre la mayor o menor antigüedad de los solares de González. Como decía al principio, unos afirman que los más antiguos radicaron en el reino de Galicia, otros en el de León, otros en el Principado de Asturias y otros en las Montañas de Jaca.
Lo realmente cierto es que los González formaron un linaje muy digno de tener en cuenta no sólo por su nobleza sino por las hazañas de muchos de sus miembros.
No puede olvidarse tampoco a don Pedro González de Mendoza, noble castellano que permaneció fiel al rey D. Pedro, llamado por unos "el Cruel" y por otros "el Justiciero", hasta que el año 1.366 se pasó al bando de D. Enrique de Trastámara. Fue hecho prisionero por los soldados del rey D. Pedro, el cual atendiendo a las súplicas del Príncipe Negro, lo dejó en libertad. A partir de aquel momento se convirtió en hombre de confianza de D. Enrique de Trastámara y cuando éste triunfó, mediante la muerte a sus manos de D. Pedro, recibió cuantiosas mercedes. En el año 1.385 entró con las tropas castellanas que invadieron Portugal y murió en la batalla de Aljubarrota.

En lo que se refiere a otro González cuyo nombre se encuentra escrito en la historia destacadamente, D. Pedro González de Mendoza, fue el quinto hijo de Iñigo González de Mendoza, Marqués de Santillana. Fue Obispo de Calahorra, de Sigüenza, y Arzobispo de Sevilla. Consejero del rey Enrique IV. Convertido en defensor de la princesa Dña. Isabel, cuando ésta alcanzó el trono de Castilla junto con su esposo el rey D. Fernando (Los Reyes Católicos) tuvo un gran ascendiente sobre ambos monarcas.
Escudo de armas:
Los González de Galicia. En campo de gules, un castillo da plata aclarado de azur y un león rampante de oro, coronado de lo mismo, abrazando el castillo con ambas manos.
En Castilla, el escudo trae: En campo de gules, un castillo de oro almenado de tres torres.
Otros de Castilla, traen: En campo de gules, un castillo de oro y, debajo de él, una llave del mismo metal.
En Asturias, traen: En campo de plata, una flor de lis de azur acompañada de cuatro rosales al natural.
Los de Luarca traen: en campo de oro, una banda de gules (armas de conde Fernán-González).

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